domingo, 4 de diciembre de 2011

que no se entere, ya que duerme,
que se le caigan los brazos, la baba y el alma,
que se le caigan al piso, y paseen,
que se paseen por mi casa, que es tu casa, 
cada rinconcito se te regala Sebastián,
se te regala la vida, la vida porque es mia, 
ahora siempre compartida,
Sebastián, Sebastián, 
se abren tus soles y ya no hay cielos que alcancen para tanta gloria.
hay que encontrarte, nada más
y podemos jurar que no nos vamos a prestar a ese juego perdedor que dijimos una vez con un sudor en la espalda, no. no. imposible. qué estamos, todo locos? cómo vamos a apostar a nosotras, que inmundicia, al fin y al cabo, nos esta comiendo los pies,
 n u e s t r a propia liber t a d.